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fläGRuM

Cristianismo despojado de significado y convertido en logo.

“La muerte se cierne sobre nuestras cabezas.

La verdad de la carne nos hace libres.

El formato no importa, el medio trasciende 

sólo el arte conecta con la belleza.”

He querido titular mi propuesta expositiva Flagrum, -del latín
látigo-, palabra que contiene la fuerza del flagelo, de lo flagrante, de la
flagelación.

El texto introductorio es un verso sobre la muerte, el tema más
universal del arte; la verdad que es quizás lo que subyace detrás de
toda obra; el formato que trasciende la idea; y de cómo la exposición
Trans-Arte trata de traspasar el medio y utilizar lo que está a tu
alcance como artista, independientemente de si se hace con un pincel, un
lápiz o un iPad.

El arte siempre se ha utilizado para transmitir espiritualidad y
emoción. Todas las religiones y culturas han utilizado el arte como
vehículo imprescindible para contar aquello que no podía expresarse con
palabras, ni con ciencia, sino con gestos, enormes gestos a veces llenos
de simbología y emoción. La religión cristiana ha estado siempre llena
de sangre y dolor, de sufrimiento y de pasión, y es la religión
imperante en Occidente, es nuestra herencia, es de dónde venimos más
allá de ideologías o creencias.
Mi obra es una deconstrucción de la iconografía cristiana, de sus
símbolos -es la cultura de la que vengo- que se transforman casi en
logos y dialogan directamente con el siglo XXI, sus redes sociales y su
obsesión por las marcas.
Cuando yo era pequeño al entrar en una iglesia sentía entre fascinación
y miedo, al observar esas figuras tan estáticas pero tan llenas de vida,
sufriendo, con gestos descompuestos de dolor, de pasión, de sufrimiento.
Al tiempo, la figura de la mujer en la religión cristiana ha tenido
siempre un panel bastante estático a su vez, casi banal, su único
propósito es llorar y sufrir.

La impermanencia de lo matérico.

He querido descomponer estas partes: la pasión, lo divino, lo masculino,
lo femenino y lo iconográfico, por eso muestro este tríptico de un
Cristo en la columna flagelado con atributos femeninos, rodeado de una
mujer de rasgos masculinos y un hombre de rasgos femeninos, introducidos
en pantallas…figuras en apariencia estáticas, pero que sin embargo
respiran, parpadean y se mueven ante nuestros ojos como si de figuras
religiosas vivientes se tratara.
Dos seres andróginos, hombre y mujer, atados, en una reinterpretación
neo contemporánea de la columna de la flagelación, pero convertida en
pilar de hormigón sucio, intervenido, grafiteado y rodeado de luces de
neón, un guiño al universo de las redes y los videos verticales de tres
segundos de YouTube, de Instagram y de Tik Tok que nos muestran miles de
imágenes por segundo mientras nos adormecen y nos impiden un lugar para
la reflexión, para la contemplación.
Los rostros de las mujeres son el sexo, la pasión, el dolor, la historia
propia de la humanidad y el papel que la mujer ha tenido en las
diferentes culturas. La virgen trans es la Virgen de Murillo, con la
cara de Jedet, casi recortada y pegada con Photoshop, pero en un enorme
lienzo rodeado a su vez de dos pintadas andróginas, dos intervenciones
urbanas llenas de textos, grafitis y manchas, mensajes y firmas, como si
de una pared urbana se tratara.

Junto a estos, un lienzo de gran tamaño me muestra a mí con la espalda
flagelada, pero las heridas no son sangre sino spray rojo lanzado sobre
mi cuerpo. Y para terminar el círculo extraigo el elemento de los
videos: el pilar, y así video y escultura dialogan en un discurso
circular que permite volver a empezar de nuevo el recorrido.
Todo el montaje está planteado como una iglesia, -lo más parecido a un
museo o una sala de exposiciones-, con un altar, una capilla y una zona
para el rezo. Porque creo que el arte y la espiritualidad conectan
directamente.

La impermanencia de lo matérico:

Finalmente el círculo de la exposición se cierra creando un sentido
único y homogéneo. La emoción y la belleza son intangibles, y al final
no dejan de ser sentimientos, pero la materia permanece. Espero haber creado un puente con el espectador y hacerle reflexionar, sentir e incluso sufrir ¿por qué no?.